L'esport Valencià durant la guerra civil (1936-1939). Un estudi historiogràfic

  1. BOSCH VALERO, JOSEP ANDREU
unter der Leitung von:
  1. María Amparo Bargues Bonet Doktorvater/Doktormutter

Universität der Verteidigung: Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir

Fecha de defensa: 16 von Juli von 2013

Gericht:
  1. Juan MAESTRE Präsident/in
  2. Pablo Vidal González Sekretär/in
  3. Carles Santacana Torres Vocal
  4. Eduardo Álvarez del Palacio Vocal
  5. Xavier Pujadas Martí Vocal

Art: Dissertation

Teseo: 348392 DIALNET

Zusammenfassung

El alzamiento militar del 17 de julio y su fracaso en Valencia, así como la posterior respuesta revolucionaría por parte de las organizaciones políticas y sindicales del Frente Popular, obligaron al deporte valenciano a adaptarse rápidamente a las nuevas circunstancias sociopolíticas. En nuestra ciudad y en su provincia la actividad deportiva no cesó mientras duró la Guerra Civil. Durante los primeros meses casi se puede afirmar que el ritmo de las mismas no decayó y por poco tiempo se creyó que la normalidad deportiva volvería una vez sofocada la insurrección militar. Desgraciadamente, la guerra fue imparable, y los clubes, las federaciones y las autoridades políticas y deportivas tuvieron que resignarse a la nueva situación y a la nueva realidad. El proceso revolucionario que vivió nuestra ciudad también influyó en el mundo del deporte así, como el proceso de ¿depuración¿ a las entidades o personas con mayor o menor vinculación con los ¿enemigos¿ de la República. A nivel deportivo, esto afectó mayoritariamente en los clubes y a las entidades deportivas, así como a sus deportistas y directivos, vinculados al Iglesia, los partidos de derechas o las clases sociales más favorecidas. La dinámica habitual en la vida de los clubes y las entidades deportivas cambió radicalmente con la guerra. Los clubes, las federaciones y las restantes entidades deportivas que habían quedado en la zona leal al Gobierno republicano vieron ver como su tradicional forma de funcionar variaba de manera sustancial. Se pretendía un cambio en la filosofía y en la concepción del deporte, imbuidos de la dinámica revolucionaría y proletaria de la época. A nivel político se vivió una época de gran fervor revolucionario. Esto condujo a una colectivización de los medios de producción. Los clubes deportivos y sus instalaciones no se libraron de este proceso. Durante los años de la guerra, las competiciones y los acontecimientos deportivos tendrán un carácter de reafirmación republicana y de resistencia al fascismo. Con el estallido de la guerra, las competiciones deportivas de carácter estatal fueron suspendidas. Nuestros clubes y deportistas, haciendo caso a las autoridades de la República, intentaron mantener una aparente normalidad, disputando en un primer momento numerosos partidos o exhibiciones de carácter amistoso la mayoría de ellos con fines benéficos. En el apartado competitivo se disputaron torneos de fútbol en el primer año de la contienda bélica entre equipos de las federaciones murciana y valenciana y posteriormente entre la catalana y la valenciana. Pasado este año los campeonatos se limitaron a nuestro ámbito provincial. En otros deportes también hubo competición, como en las dos modalidades de pelota que se practicaban en Valencia, aunque no existía un campeonato como tal. También son destacables las carreras de galgos y otros deportes arraigados a nuestros pueblos como la colombicultura y la caza. En el resto de deportes básicamente, se disputaron partidos amistosos y festivales de carácter benéfico organizados a beneficio de organizaciones políticas, sindicales o asistenciales de la España republicana. También hay que destacar en Valencia el deporte recreativo, practicado sin más finalidad que la del entretenimiento y la distracción entre los compañeros de trabajo o del ejército. Encuentros, que en las circunstancias en los que se disputaron tenían un significado más allá, ya que eran una forma de dar normalidad y de quitar dramatismo al día a día en la retaguardia o en el frente y es que nuestras milicias también ocuparon su tiempo de ocio en practicar deporte en los períodos de tregua. Conforme el conflicto bélico fue acercándose a Valencia, las condiciones para la práctica deportiva fueron encontrándose con mayores dificultades, llegándose a prohibir en determinados momentos. Aparte de intentar seguir practicando deporte, nuestros deportistas también se vieron inmersos en la dinámica de la guerra. Así, encontraremos ejemplos de generosidad, de ingenuidad, de entrega, de sacrificio e incluso de heroísmo y martirio por defender unos u otros ideales. Pero al mismo tiempo también aparecerá el oportunismo, la maldad y la traición. Por las circunstancias geográficas del conflicto armado, entre los futbolistas que militaban en los equipos de la ciudad de Valencia antes de la guerra la mayoría de ellos defendieron el bando republicano. Pero nuestros deportistas no solo formaron parte del ejército fiel a la Republica. En el otro extremo ideológico también encontramos numerosos ejemplos de deportistas valencianos o que militaran a los nuestros equipos que defendieran al bando franquista. Frente a la concepción del deporte burgués, centrado casi únicamente en la competición y en el deporte espectáculo, las diferentes organizaciones políticas y sindicales de izquierdas pusieron mucho más énfasis en la ¿democratización¿ de la práctica deportiva. Aparecerá así el concepto de deporte ¿popular¿, incluyendo entre sus beneficiarios también a las mujeres. Con todas estas dificultades al respeto, debemos hacer constar la existencia, por lo menos en la ciudad de Valencia, de un deporte destinado a las mujeres organizado y bien dirigido por personal con la más alta cualificación profesional, En cuanto al apartado competitivo, las chicas valencianas también tuvieron la posibilidad de participar en algunas pruebas durante estos casi tres años en disciplinas como la natación, el baloncesto, el atletismo y la gimnasia. La guerra influyó en diferentes modalidades deportivas que, de alguna manera, podían interferir en la marcha del conflicto como la colombicultura y la caza. Estas dos actividades fueron reguladas tanto por las autoridades políticas como por las militares. De igual forma, algunas modalidades deportivas tuvieron una utilidad dentro del ejército republicano, como fue el caso de los ciclistas y de los motoristas, que pasaron a formar parte de diferentes cuerpos del ejército republicano. La preparación física también se vio influenciada por el ambiente bélico. La mejora de la condición física, tanto de los soldados en el frente como de las personas que se quedaban en la retaguardia, será vista como una prioridad para poder ganar la guerra. Las instalaciones deportivas también fueron utilizadas como campos de instrucción y de entrenamiento militar, como almacén de material o como centro de reclutamiento. El enfrentamiento histórico entre las dos tradiciones más diferenciadas del movimiento obrero, marxismo y anarquismo, con conflictos, controversias y desavenencias no pasó desapercibido dentro del mundo del deporte, donde encontramos notables diferencias con respecto a la concepción del deporte, la cultura física y la práctica deportiva. Estas discrepancias, entre marxistas y anarquistas, con concepciones radicalmente opuestas, se verán reflejadas en los diferentes movimientos deportivos creados por unos y otros. Las diferentes visiones del deporte y de la actividad física, aunque a primera vista nos pueden parecer anecdóticas, son un claro reflejo de las muchas divisiones que existían entre las diferentes corrientes ideológicas de la Valencia y la España republicana. La política deportiva que se llevará a cabo durante estos tres años está marcada por el elemento propagandístico. El deporte será un elemento más al servicio del Estado y como tal, estará destinado a cubrir la primera necesidad del mismo: ganar la guerra, entre otras cosas mejorando la condición física de la población, lo cual por una parte mejoraría la preparación militar, y por la otra haría aumentar el rendimiento laboral y la productividad en la retaguardia. Fruto del interés del Gobierno republicano por la educación física fue la creación del ¿Consejo Nacional de Educación Física y Deportes¿ (CNEFyD) dependiente del Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad el 27 de mayo de 1937. Una de las primeras disposiciones de este Consejo fue la creación de un cuerpo de profesores y ayudantes de cultura física y deportes. Si tenemos en cuenta el contexto histórico y las influencias que recibía el Gobierno de la República en esos días desde el U.R.S.S. es fácil ver en la creación del ¿Consejo Nacional de Educación Física¿ una réplica de la política deportiva soviética, donde el desarrollo deportivo estaba planificado desde los organismos oficiales. Por otra parte, la educación física y el deporte también aparecían en los nuevos planes de estudios aprobados por el Gobierno republicano el 28 de octubre de 1937. Aparte del Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad, otro organismo del Estado como la Delegación de la Subsecretaría de Propaganda y Prensa, se interesó por el fomento de la educación física y el deporte. El 29 de marzo de 1939, el general Aranda entró en la ciudad de Valencia con las tropas del Cuerpo del Ejército de Galicia sin encontrar ningún tipo de resistencia. El 1 de abril de 1939 finalizó oficialmente la Guerra Civil. Una vez acabada la guerra, el mundo del deporte intentó poco a poco recobrar su normalidad. Desgraciadamente, la situación existente antes de julio de 1936 no volvió. Si la sociedad cambió por culpa de la guerra, el deporte también lo hizo. Las consecuencias de los tres años de conflicto se notaran a todos los niveles: muchas instalaciones deportivas presentaban un aspecto lamentable, muchos plantillas de jugadores no se pudieron completar, los clubes deportivos perdieron mucha de su masa social, bien por haber muerto durante la guerra, por haberse exiliado o por que las circunstancias económicas de la posguerra hicieron que muchos deportistas o socios debieran renunciar a continuar con su afición. La primera de las muchas consecuencias fue el tirar tierra por encima de cuanto había pasado en el deporte de la zona de la España republicana. Se anularon las competiciones, sus resultados y las marcas que en ellas se consiguieron, incluso, los traspasos y las transferencias de jugadores hechas durante estos tres años quedaron en nada. Para la carrera de muchos deportistas, esos tres años fueron un tiempo precioso perdido. Al acabar la guerra, la mayoría de los deportistas profesionales, básicamente futbolistas, pelotaris, ciclistas y boxeadores, continuaron su vida deportiva. Pero a otros les llegó el tiempo de la retirada, bien por cuestiones de la edad, por las secuelas físicas sufridas durante la guerra, o por haber de abandonado España hacia el exilio o por ser confinados en prisiones o en campos de concentración. Finalizada la Guerra Civil, el panorama valenciano no ofrecía un escenario demasiado positivo para la práctica deportiva. Con el final de la guerra, la vida del país se desarrollará de una manera muy diferente a la de los años anteriores al conflicto. El deporte no se escapará de las nuevas directrices del nuevo régimen. Así, a los pocos meses ya se podrá comprobar el control que de todas las entidades, sociedades y asociaciones deportivas o recreativas tendrán las nuevas autoridades políticas. Dentro del férreo sistema de vigilancia, ideado por el régimen franquista, será la ¿Delegación Nacional de Deportas¿, creada por la ¿Jefatura del Estado¿ y encuadrada a la estructura del partido único del Estado, la ¿Falange Española Tradicionalista y de las JONS¿, quien asumirá, todas las competencias relativas al deporte y a la educación física. Una vez finalizada la guerra, el nuevo régimen político instaurado en España inició un proceso de depuración a todos los niveles de la sociedad. Las víctimas de este proceso sufrieran diferentes castigos: condenas a muerte, internamientos en prisiones o campo de trabajo, depuraciones. El deporte no escapó a la sistemática represión a todos los niveles que instauró el nuevo régimen político. La derrota republicana supuso, además de la pérdida de la guerra, en muchos casos la salida hacia el exilio de muchos de los vencidos. Entre los perdedores de la guerra también hubo destacados deportistas. Otra de las consecuencias de la victoria del bando ¿nacional¿ fue la castellanización de los nombres de los equipos y de las asociaciones deportivas. No solo es cambiaran los nombres de clubes y de equipos con reminiscencias extranjeras. También los nombres en valenciano fueron sustituidos por nombres en castellano. Al finalizar el conflicto bélico las instalaciones deportivas valencianas estaban en muy mal estado de conservación. La dinámica de la guerra, la falta de uso para su actividad natural, las carencias de materiales, la falta de mantenimiento y otros factores hicieron que los campos de fútbol y el resto de instalaciones deportivas acabaran en un estado lamentable. La pérdida de técnicos y personal capacitado tanto para la gestión como para la organización del deporte también será otra consecuencia de los tres años de conflicto armado.